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enero 31, 2005

Teatro en Berlín (2).

26 de Agosto de 2004. En la casa de Bertold Brecht.

2 En Berlín es fácil coger taxis. A veinte metros del Hotel Anglaterre hay una parada, justo al lado de una estación de metro. Elegimos ese medio de transporte porque tenemos cierto temor a perdernos en una ciudad subterránea que nos imaginamos inmensa y repleta de carteles en alemán.

Sin embargo, estamos bastante cerca de la casa en la que transcurrieron los últimos años de la vida de Bertold Brecht y de la que fue su compañera sentimental y profesional, la actriz Helene Weigell.

En su exterior nada indica que esa mítica pareja residió allí. No hay grandes carteles ni una publicidad específica. Sólo el número del portal, 125 de Chauseestrasse, es el dato que nos induce a penetrar. Ya dentro, efectivamente, fotografías de ambos y carteles del Berliner Ensemble, nos indican que no nos hemos equivocado.

Como ya sabíamos, la casa de los Brecht puede ser visitada cada media hora en grupos reducidos. Como es a primera hora de la mañana, los únicos visitantes somos Félix, Sara y yo, y una chica joven. Compramos el ticket y una señora de mediana edad, que sólo habla alemán y algunas palabras de inglés, nos introduce en la vivienda.

Qué fuerte emoción. Vemos la biblioteca de Brecht. La gran dependencia en la que él trabajaba. Suelo de madera, una mesa pequeña, ubicada cerca de una ventana, cuadros de motivos chinos, a los que él se refiere en sus poemas. Nuestra anfitriona desaparece, vista la inutilidad de sus explicaciones, y sólo nos indica que no se pueden hacer fotos. No le hacemos demasiado caso.

Me acerco a la biblioteca. Cojo un libro: “Fausto”, de Goethe. El ángel negro me acaricia el oído: “Y si te llevas un libro de la biblioteca de Brecht...”. Dudo unos instantes porque el ángel bueno tarda en aparecer. Aconsejado por éste, no cojo el libro, por respeto a su propietario y por la confianza otorgada a unos visitantes a los que se deja solos. Me imagino qué pasaría, pongamos por caso, en la casa-museo de Lorca si las medidas de seguridad y la confianza depositada fueran las mismas.

Bajamos al piso inferior. Son las dependencias de Helene Weigell que sobrevivió a su marido unos quince años. Esos tres lustros se notan. Aparecen allí los primeros electrodomésticos. Por ejemplo, un destartalado televisor. Un gran ventanal separa la vivienda de un pequeño huerto/jardín, que ella cuidó hasta su muerte en 1971.

Cuando salimos nos encontramos con el agradable frescor de la mañana berlinesa. Sara, Félix (que han venido al estreno de la obra de Víctor Mira) y yo estamos embobados. Participamos de uno de esos momentos en los que se mezcla un profundo respeto y la fascinación más inmensa.

Todavía nos queda tiempo para recorrer Dorotheenstätischer Friedhof, el pequeño cementerio que se extiende contiguo a la casa recién visitada. Ahí están sus tumbas, y muy cercana también, la de Heiner Müller, dramaturgo y uno de los últimos directores del Berliner Ensemble, la compañía que fundaran ellos en 1949. Nos hacemos abundantes fotos, esta vez sin temor a ser descubiertos.

El resto de la mañana prácticamente la dedicamos a pellizcarnos: hemos estado en completa libertad en casa de Bertold Brecht y Helene Weigell.

enero 30, 2005

Teatro en Berlín (1).

Torre_de_la_tv_2 1. 25 de Agosto de 2004. Viajo a Berlín por primera vez con motivo de la presentación de “Himmel der Fraüen” (“El cielo de las mujeres”), obra teatral del pintor Víctor Mira, muerto en Noviembre de 2003, representada en el Museo Deutsche Guggenheim. No estaré en el estreno, pero sí en el ensayo general. La puesta en escena es de Ulrike Kéller, la directora que ya había dirigido “Antihéroes”, otro texto de Víctor. Me hospedo en el Hotel Anglaterre, en Friedrichstrasse, muy cerca del famoso Check Point Charlie, lugar por donde se salía legalmente (quienes podían) de la República Democrática Alemana.  Allí están los famosos tenderetes en los que se pueden comprar todavía uniformes del ejército, chapas diversas, cascos militares, y trocitos del muro envueltos en papel de celofán.

La primera impresión de Berlín la recibo en el taxi que me lleva desde el aeropuerto Tegel, el más importante de los cuatro que funcionan regularmente. En realidad no se podría considerar como tal. Más bien son imágenes caóticas: Postdamer Platz, llena de grúas y de edificios recién construidos, con un cierto aire al barrio de La Defense, de París. El Reichstag, majestuoso, a escasos metros de la Puerta de Brandemburgo, y la torre de la televisión, visible desde casi todos los puntos del recorrido.

Primer paseo. Calle Unter den Linden al atardecer. Grande, destartalada, prácticamente vacía a partir de las ocho de la tarde. La bellísima Berliner Dom, y la isla de los Museos a donde me encamino después del ensayo. En ella la impresionante silueta del Pergamonmuseum, que intentaré visitar al día siguiente. Me retiraré pronto a digerir lo visto en esas primeras horas.

2. “El cielo de las mujeres”. Cuatro de la tarde. Ulrike, menuda, enérgica, amable, da las últimas instrucciones a actores y técnicos. Ester Romero, compañera de Víctor, observa todo con una inmensa y contenida emoción. El patio interior cubierto por un césped artificial de un verde intenso. En el centro, un enorme árbol. De una de sus ramas cuelga un columpio, imprescindible para desarrollar la acción escénica que el autor propone. Las ventanas del patio, cubiertas con lienzos en donde se ven nubes a modo de etérea escenografía. Cinco actrices y un actor en escena. Vestuario colorista. Interpretación expresionista, medida, calculada. El pase dura un poco más de media hora. A pesar de lo cual, es un gran espectáculo.

3. Agotador paseo matinal solitario por Berlín. Unter den Linden/ Puerta de Brandemburgo/Avda. 17 de Junio/ la Kaiser-Wilhelm, conocida por los berlineses como “muela picada”, con su torre intacta, a modo de recordatorio permanente, tras los bombardeos de la segunda guerra mundial. Taxi hasta el Hotel Anglaterre, con los pies destrozados. La ciudad es bulliciosa, inmensa, destartalada. Trenes aéreos y tranvías por todas partes. Tráfico intenso. Grandes superficies. Sorprendentes bosques agrestes en mitad del asfalto. Ya en el hotel veo perder a España frente a EEUU en baloncesto. Una pena. Mañana iré al mítico Berliner Ensemble!

enero 29, 2005

Analfabetismos (2)

Instalacion_protector

Me envía Linda un comentario a mi artículo de hace unos días titulado “Analfabetismos”. Dice, con razón, que hay otro analfabetismo más: el doméstico. Ese que le impide a ella misma descifrar las instrucciones de los electrodomésticos, pongamos por caso.

No te alarmes, querida Linda. Ahí estamos todos incluidos. O por lo menos todas las personas normales.

Es imposible descifrar unas instrucciones de un sencillo y humilde electrodoméstico. Así de tajante. Yo no lo he conseguido jamás. Tampoco ninguno de mis amigos o familiares. Investiga entre tus vecinos y te lo confirmarán. No hay manera.

Y, sin embargo, ese mismo cacharro, que, a través de las instrucciones que le acompañan a su pesar, se muestra opaco a nuestras miradas escrutadoras, al cabo de poco tiempo, va mostrando paulatinamente sus secretos con naturalidad y sin engolamientos. En cierta medida, es una dulce forma de proceder, cercana a la resistencia pasiva que proponía Gandhi, que le daría la razón a lo que planteaba el mismísimo Maiakovski en “La rebelión de los objetos”. Sea como fuere, nuestra intuición y la buena disposición de los cacharros, van obrando el milagro de la interrelación y la comprensión mutuas. El microondas, por ejemplo, asumiendo su condición de objeto inerte (pero no por eso necesariamente gilipollas), y nosotros como seres inteligentes (por lo menos relativamente).

Por eso, creo que hay aquí gato encerrado. Si las instrucciones crean un muro y no sirven para instruir, ¿para qué sirven entonces...?

Voy a ponerme a pensar en este asunto y te planteo, Linda, que también tú lo hagas entre clase y clase. Podríamos partir de una hipótesis: alguien, a través de ellas, pretende investir al objeto recién adquirido de un halo mágico, impenetrable y oscuro.

¿Será un arma del consumismo en la que todavía nadie había reparado?

enero 28, 2005

Funcionarios

Funcionarios Las sociedades avanzadas tienen funcionarios públicos a su cargo que deben velar porque el conjunto de los servicios funcionen adecuadamente. Por eso, las sociedades avanzadas deberían estar orgullosas y satisfechas de sus propios funcionarios.

Los funcionarios deberían ser felices con ese orgullo y esa felicidad que su actividad procura. Es decir, por sentirse queridos por sus conciudadanos y por el estado, que, a cambio de su esfuerzo, les garantiza una seguridad económica vitalicia que les va a permitir vivir sin zozobras y estabilizar una estructura personal, familiar, etc. Estabilizados ellos, deberán luchar generosamente por estabilizar a los demás.

Hasta ahí la teoría. Vayamos a la realidad.

Los funcionarios son frecuentemente odiados por la ciudadanía y considerados como unos privilegiados que, habitualmente abusan de su poder y se benefician del mismo. Todas las encuestas así lo demuestran. Además, en estas encuestas se asegura que tratan inadecuadamente a las personas y no resuelven sus problemas sino que se los complican todavía más en demasiadas ocasiones. En cuanto se convierten en tales, están más atentos a mantener sus prerrogativas y privilegios personales y/o corporativos que en conseguir los objetivos generales que les han sido encomendados. Se percibe a los funcionarios como una casta de mandarines que funciona frecuentemente a instancias de intereses propios o ajenos inconfesables, y a través de resortes inadecuados. Como una mafia, vaya.

Vista la distancia entre la teoría y la realidad, ¿no habría que cuestionarse en serio el sentido de la funcionarización en las sociedades avanzadas?

 

enero 27, 2005

Sardá

I3227 Creo que Javier Sardá lleva unos siete años al frente de su famoso e incombustible “Crónicas marcianas”. Sin duda este fenómeno comunicativo es uno de los más curiosos e importantes de toda la historia de la televisión española, porque, además, la franja horaria en que se emite no es la más apropiada para miles de personas que, al día siguiente, tienen que levantarse temprano para ir a trabajar. A pesar de eso, su tasa de espectadores no decrece sino que aumenta. La fidelidad es máxima y no cabe duda que ha creado un estilo propio de hacer televisión, que otros copian con desigual fortuna.

A eso voy.

Como desconozco los intríngulis técnicos a partir de los que se confecciona una parrilla de programación, no deja de sorprenderme la tozudez de otras cadenas, especialmente Antena 3, en competir con “Crónicas” haciendo sucedáneos de “Crónicas”. Sardá lleve siete años sentado a la puerta de Tele 5 viendo pasar plácidamente los cadáveres de sus enemigos: entre otros, Pepe Navarro, Jesús Vázquez, Máximo Pradera... Los siguientes de la lista, sin duda, van a ser Andreu Buenafuente y el Gran Wyoming, dos tipos con un inmenso talento y, sin embargo, condenados al fracaso comparativo.

Yo creo que lo más sensato sería dejar que Sardá triunfara en su medio haciendo lo que se ha demostrado como un gran éxito popular, y programar a esas horas otras cosas radicalmente distintas, no tanto para intentar atrapar al público de “Crónicas”, algo que hoy por hoy parece imposible, sino para conseguir a ese otro público potencial que se distingue porque aborrece ese programa en concreto y ese estilo de hacer televisión, olvidando desde el principio cualquier pretensión de competir en número de espectadores, optando tal vez por la calidad o la rareza.

Cualquier cosa puede valer: retransmitir misas concelebradas, campeonatos de petanca, de ajedrez, de ping-pong, etc, programas sobre libros, animales o bricolage, cogidas espectaculares de toreros, penaltis fallados, biografías de intelectuales, de asesinos, de santos, fracasos militares, etc, o incluso películas infantiles para niños insomnes.

Todo menos volver a fracasar estúpidamente.

enero 26, 2005

Espejismos

6obispossaludan A veces parece que los resortes del poder no son lo que son: resortes del poder. O “aparatos ideológicos”, como se decía antes, del mismo.

Por ejemplo, el Consejo General del Poder Judicial o la Iglesia Católica, sin ir más lejos.

En el caso del CGPJ parece como si ciertas actuaciones puntuales desvanecieran un poco esa imagen un tanto cavernaria, corporativa y de bunker de la reacción que tiene per se.

A veces también el Papa suelta un discurso en Uganda, o en algún recóndito lugar del planeta, y parece que dice cosas relacionadas de verdad con la defensa de los débiles.

Pero no. Son puros espejismos y, como tales, duran muy poco. Pronto “los aparatos ideológicos” aparecen con su verdadera faz: el CGPJ comparando los matrimonios homosexuales con los posibles matrimonios entre personas y animales, en informes que, por cierto, no les han sido solicitados por nadie. Y el Papa, en representación de la institución humana que más muertes y sufrimiento ha causado a lo largo de la Historia (Leer “El Evangelio según Jesucristo”, de Saramago), se pone a echar broncas a nuestros obispos sobre el mal estado de la espiritualidad en España, e incluso sobre temas que para nada le competen, como el mismísimo Plan Hidrológico Nacional.

Por cierto, si yo fuera obispo volvería de Roma francamente preocupado. Porque ese supuesto descenso de los valores espirituales a los que se refiere el Jefe lo asumiría como un reproche sobre la eficacia de mi apostolado, es decir, de mi trabajo.

Pero no. Una vez escuchada la reprimenda, todos se fueron a comer tan tranquilos y regresaron, como si tal cosa, a seguir fracasando en sus respectivas diócesis.

enero 25, 2005

Secciones juveniles

4jovenes_1 Uno de los reproches más frecuentes que suele hacerse a los partidos políticos tradicionales en una democracia suele ser el parecido de los contenidos de sus programas electorales. A veces, el votante de a pie se arma un lío porque desde una perspectiva de izquierdas los mensajes de los partidos de izquierdas le pueden parecer a uno demasiado moderados o contemporizadores. Y viceversa: desde la derecha ideológica, la que votaría al PP, pongamos por caso, puede parecer a veces un partido progresista y hasta revolucionario. Reconozco que es mucho imaginar, pero dejémoslo al menos como hipótesis de trabajo.

Todos sabemos que estos son espejismos de campaña electoral, y que los programas ya se hacen contando con el día después en los que para conseguir mayorías habrá que sentarse a hablar con el odiado candidato del partido de enfrente y olvidarse en aras del pragmatismo de bastantes promesas.

Pero hay un sistema para desbrozar los programas y conocer las verdaderas intenciones de los partidos. No es otro que el de conocer lo que piensan y expresan las secciones juveniles de los mismos, que ejercen frecuentemente como de “pepitos grillos” de sus mayores. Estos, a su vez, se sienten obligados a consentirles esa sinceridad supuestamente insobornable en aras de la supuesta democracia interna.

Es más, cuando el gran lider de cualquier partido se presenta ante el congreso juvenil, lo primero que hace es quitarse la corbata. Lo segundo y más importante es ganarse al gallinero diciendo lo que ellos dicen, que es, al fin y al cabo, la doctrina oficial del propio partido sin edulcoraciones ni filtros de prudencia.

Yo estuve un tiempo siguiendo este tipo de encuentros. Pujol y Fraga rejuvenecían y no se cortaban un pelo. Felipe González parecía Alfonso Guerra y el Che Guevara juntos. Zapatero se pone más serio, firme y radical. Ibarretxe, como le pasaba a Arzalluz, explica sin ambajes que el PNV lucha por la independencia pura y dura.

Por eso yo, modestamente, curtido en congresos juveniles, me entero de las cosas con mucho tiempo por delante, y después, lógicamente, no me extraño de nada de lo que pasa.

enero 24, 2005

Analfabetismos.

Books021712x1368a Existen diferentes analfabetismos.

A saber:

  1. El analfabetismo de quienes no saben leer. Este es muy malo y está muy extendido. La solución consiste en enseñarles a leer, claro, aunque aplicarla no es nada fácil, primero porque la mayoría no se deja, y, segundo, porque, entre otras cosas, a ciertos poderes les interesa mucho mantener fuertes tasas de ignorancia.

  2. El “neoanalfabetismo”. Este es todavía peor que el anterior. Es un término acuñado por Félix de Azúa y se refiere a todos aquellos/as que aprendieron a leer en su más tierna infancia, pero no lo han vuelto a practicar desde entonces, excepto para buscar a alguien en la Guía Telefónica o para enterarse de con quién está ahora enrollado Jesulín de Ubrique en las revistas del corazón. Tiene muy mala cura porque va asociado a otras atrofias personales de carácter moral, intelectual, etc.

  3. El “tardoanalfabetismo”. Este tampoco tiene cura, aunque hay medicación. Lo padecen aquellos que no leyeron en su momento lo que tenían que leer. Esa laguna es tremenda, como una especie de agujero negro en la mente, algo así como lo que pasaba al tenista Santana que por mucho que ganaba títulos mundiales no podía disimular que de niño había comido poco y mal. Este grupo, que es consciente casi siempre de sus carencias, las disimula e intenta superarlas articulando un discurso personal bastante empalagoso.

4. Hay otro grupo al que es difícil poner un nombre correcto (Debería ser el resultado de una mezcla entre gilipollas y analfabeto).  Lo forman quienes han leído demasiado y no paran de jactarse públicamente de ello. Hay muchos “neoanalfabetos” que lo son hastiados por la diarrea mental y la prepotencia de estos señores/señoras. No conviene invitarlos a nada porque pueden arruinarte con sus opiniones y comentarios cualquier fiesta o reunión. Son unos grandes pelmazos.

enero 23, 2005

La primera vez

Luna69 Las primeras impresiones son siempre más fiables que las siguientes.

El primer amor tiene mucho de definitivo.

Los primeros platos son siempre los más apetitosos.

Las primeras veces son las más excitantes.

Matiza lo que quieras, pero te equivocarás menos si tienes en cuenta esta cruda realidad.

enero 22, 2005

Adopciones entre homosexuales.

  • Img Veo en Canal Sur uno de esos debates en donde el público aplaude cuando uno de los participantes dice algo seguido y, sobre todo, gritando. Da igual lo que diga. Al cabo de un rato el presentador solicita que la gente levante la mano si está con él/ella y casi nadie lo hace. Eran los gritos y la aparente convicción lo que impresionó a la parroquia.
  • El tema, nada menos, era el de la conveniencia de que las parejas homosexuales puedan adoptar niños. El espectáculo de siempre: los católicos militantes y los representantes de la derecha política dicen que ni hablar, o lo que es lo mismo: que es mejor que los niños/niñas abandonados en hospicios se mantengan allí, puesto que una pareja homosexual ni es pareja ni es nada, y en ella no se dan los referentes masculino/femenino/papá/mamá. El adoptado a la larga se puede hacer un lío.
  • ¿A usted le gustaría que su hija fuera prostituta para no morir de hambre?, le preguntaban en otra televisión a un campesino latinoamericano. “No –contestó el atareado señor-, pero preferiría que fuera puta a que estuviera muerta...”, matizó posteriormente.
  • Pues no, no, no. La doctrina reaccionaria de siempre argumenta que mejor, mucho mejor, muerta que puta. Mejor solos y abandonados que con dos padres o madres del mismo sexo atendiéndoles con cariño y esmero. Dónde va a parar.
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LIBROS

  • Fréderic Beigbeder: Windows on the World
    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
  • Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

    Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista
    (Alfaguara) Un libro magnífico, en la línea narrativa de anteriores novelas de Atxaga. La guerra civil, tan real ella, y los paisajes de Obaba, tan líricos y estlizados, vistos desde California en un relato atrapador, hecho de retazos que terminan uniéndose en un puzzle perfecto. Este novelista ha conseguido lo más difícil: una escritura vigorosa, reconocible y propia.

  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
  • Paul Auster: La noche del oráculo
    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
  • James Gavin: Deep in a Dream. La larga noche de Chet Baker
    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
  • Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco

    Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco
    (El Público) Parece lógico que este sea el primero de los libros reseñados puesto que su personaje protagonista le da nombre y me lo presta a mí para titular este blog. R.Z. es una obra teatral escrita por el francés Bernard Marie Koltés, muerto hace años víctima del SIDA. Es finalmente la historia de un personaje extraño y complejo, capaz de asesinar a su propia madre y de hablar como un personaje de la Ilustración. Ese es precisamente el estilo del autor: capaz de describir un ambiente de cloaca con la más sutil de las poesías. Se trata de una suerte de tragedia rabiosamente contemporánea, llevada al teatro por Peter Stein, y en España por Lluis Pasqual, entre otros. (Hay una versión cinematográfica de Cédrik Kahn, realizada en 2001, perfectamente prescindible). Para mí es la mejor obra de Koltés, a pesar de que "La soledad de los campos de algodón" y "Muelle Oeste" también representaron importantes hitos en la escena de los últimos años del pasado siglo. Koltés está enterrado en una tumba del Cementerio de Montmartre, en París. Me la encontré por casualidad una mañana fría y húmeda. Sentí una gran emoción.

Discos

Libros de teatro

  • Janet Malcolm: LEYENDO A CHEJOV
    Janet Malcolm conoce hasta las esquinas más recónditas de la obra de Chejov. Y con ese bagaje realiza un viaje a Rusia en donde va reconociendo los paisajes y los ambientes que inspiraron al autor de "Las tres hermanas" a escribir sus relatos y sus obras teatrales. Por medio se nos cuenta también las peripecias y vicisitudes de un país hermoso y la manera de ser de sus habitantes. "Leyendo a Chejov" (Alba Editorial) es, pues, un libro de aventuras, pero, al mismo tiempo un riguroso y ameno recorrido por los escritos de uno de los principales hombres de teatro del siglo XX, y, por tanto, una excelente herramienta para conocerlo.

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